Diógenes Laercio: quién fue y por qué importa
Diógenes Laercio fue un autor griego, situado en la primera mitad del siglo III d. C., que escribió las Vidas de los filósofos ilustres, el libro del que sale casi todo lo que sabemos de la vida y las ideas de los filósofos griegos, entre ellos los primeros estoicos, Zenón y Crisipo. No es Diógenes de Sinope, el cínico al que llamaban «el perro», que es uno de los personajes de su libro y no su autor.
Te cuento primero quién fue, que es casi nada, y cómo distinguirlo del otro Diógenes. Después vemos qué es su obra, qué nos da en el libro VII sobre los estoicos con ejemplos concretos y cuánto conviene fiarse de él.
Quién fue Diógenes Laercio
Diógenes Laercio fue un biógrafo de filósofos del que casi no sabemos nada, ni dónde nació ni cuándo, y todo lo que se dice de él es deducción. Se le sitúa en la primera mitad del siglo III por una razón simple. Cita a Sexto Empírico, que escribía hacia el año 200, y Sópatro de Apamea, hacia el 300, ya lo cita a él.
Hasta el nombre es dudoso. Los manuscritos antiguos lo llaman «Laercio Diógenes», y la forma «Diógenes Laercio» es la menos frecuente en la Antigüedad. Tampoco se sabe qué significa «Laercio». Puede aludir a una ciudad llamada Laerte, a la familia romana de los Laercios o a un apodo tomado de Homero, que llama a Odiseo «hijo de Laertes, del linaje de Zeus». Esta última es la hipótesis más aceptada hoy, y tiene sentido, porque había muchos Diógenes y el apodo serviría para distinguirlo.
Tampoco sabemos a qué escuela se sentía cercano. Muestra simpatía por Epicuro, con quien cierra su obra, y trata con respeto a cínicos, escépticos y platónicos, pero en ningún sitio proclama una doctrina propia. Lo que sí hace es meter en el libro epigramas suyos en verso, como el que dedica a la muerte de Crisipo, que veremos más abajo.
No es Diógenes de Sinope
Diógenes Laercio es el autor del libro y Diógenes de Sinope es uno de sus personajes. El de Sinope fue un filósofo cínico del siglo IV a. C., el que vivía con casi nada, y vivió más de cinco siglos antes. Si lees «según Diógenes Laercio, Diógenes tiró su vaso al ver a un niño beber con las manos», el que lo cuenta es el primero y el que tira el vaso es el segundo.
La anécdota del vaso está en el libro VI. Laercio cuenta que, al ver a un niño beber con las manos, el cínico sacó la copa de su alforja y la tiró con estas palabras, «un niño me ha ganado en vivir con sencillez» (Vidas VI, 37). Cuenta también que, cuando Platón lo llamó perro, él contestó «es verdad, porque vuelvo una y otra vez con los que me vendieron» (VI, 40).
Y el de Sinope no es un personaje cualquiera para nuestro tema. Al explicar cómo se transmitió la filosofía, Laercio traza una línea que va de Sócrates a Antístenes, de este a Diógenes el Cínico, y después a Crates, Zenón, Cleantes y Crisipo (I, 15). En su esquema, el estoicismo desciende del cinismo por ese camino. Cómo pasó Zenón de Crates al pórtico lo cuenta nuestro artículo sobre Zenón de Citio.
Qué es Vidas de los filósofos ilustres
Es una colección de diez libros con biografías, resúmenes de doctrina y dichos de filósofos griegos, desde Tales hasta Epicuro, y es la fuente más completa que conservamos sobre la historia de la filosofía griega. En griego el título es Bíoi kaì gnômai, «vidas y opiniones», y en español circula con variantes como Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres.
Diógenes compila. Entre sus autoridades principales están Favorino y Diocles de Magnesia, y cita a muchos más, como Hermipo, Sotión o Apolodoro. Gran parte de esas obras se ha perdido, y por eso su libro funciona de archivo.
Ordena a los filósofos en dos sucesiones. La jónica parte de Tales y Anaximandro y termina en Clitómaco, Teofrasto y Crisipo, y la itálica parte de Pitágoras y termina en Epicuro (I, 13-15). Los especialistas consideran dudosa esa división, pero explica el orden de los libros.
| Libro | De qué trata |
|---|---|
| I | Los siete sabios |
| II | Filósofos jonios, Sócrates y los socráticos |
| III | Platón |
| IV | La Academia |
| V | Aristóteles y los peripatéticos |
| VI | Los cínicos |
| VII | Los estoicos |
| VIII | Pitágoras y los pitagóricos |
| IX | Heráclito, los eleatas, los atomistas y los escépticos |
| X | Epicuro |
Ningún manuscrito es especialmente antiguo. Los más útiles son de los siglos XI al XIII, y todos pierden el final del libro VII. La primera edición impresa, en 1472, fue una traducción latina, y la numeración en párrafos que se sigue usando hoy es de la edición de Meibomius de 1692.
Qué te da el libro VII sobre los estoicos
El libro VII es la fuente más extensa que conservamos sobre los primeros estoicos, y te da cuatro tipos de material que conviene leer con cautelas distintas, que son biografías, un resumen de la doctrina, listas de obras y anécdotas. La Stanford Encyclopedia of Philosophy explica por qué pesa tanto. De Zenón, Cleantes y Crisipo solo quedan fragmentos, y para conocer la Estoa antigua hay que apoyarse en resúmenes posteriores como el de Laercio. Las obras completas que sobreviven son de estoicos romanos, como Séneca, Epicteto y Marco Aurelio.
Biografías con las versiones a la vista
Laercio no elige entre versiones, las pone una al lado de otra. De Zenón escribe que murió a los noventa y ocho años sin haber tenido una enfermedad, pero que su discípulo Perseo lo hace morir a los setenta y dos (VII, 28). El caso más claro es la muerte de Crisipo. Según Hermipo, en un banquete de sacrificio bebió vino dulce sin mezclar con agua, le dio un mareo y murió cinco días después, a los setenta y tres años. A continuación añade «otra versión», que murió de risa. Un asno se había comido sus higos y Crisipo gritó a la anciana que lo cuidaba «ahora dale al asno vino puro para que los digiera», y se rio tanto que murió (VII, 184-185). Laercio escribe un epigrama sobre la primera versión y no dice cuál cree.
Un resumen de la doctrina, con sus desacuerdos
Dentro de la vida de Zenón hace una pausa y resume la doctrina estoica, avisando de que, como suele hacer, un resumen bastará (VII, 38). Empieza por el reparto de la filosofía en tres partes, física, ética y lógica, que atribuye a Zenón como primero en hacerlo, y recoge la imagen del huevo, con la lógica como cáscara, la ética como clara y la física como yema (VII, 39-40). Lo valioso es que anota quién sostiene cada cosa. De la riqueza y la salud dice que no son bienes porque «de ambas se puede hacer tanto buen uso como mal uso» (VII, 103), una de las bases de lo que contamos en estoicismo y dinero.
Al llegar a la virtud, apunta una grieta dentro de la escuela. Crisipo creía que la virtud puede perderse por la borrachera o la melancolía, y Cleantes que no. Panecio y Posidonio negaban que la virtud bastara por sí sola y pedían también salud, medios de vida y fuerza (VII, 127-128). Es el tipo de detalle que impide decir «los estoicos pensaban» sin matices, y lo usamos en el artículo sobre la eudaimonia estoica.
Catálogos de libros que ya no existen
Laercio también copia listas de títulos. De Crisipo dice que escribió más de 705 obras, porque volvía una y otra vez sobre el mismo tema, corregía mucho y citaba sin parar a otros autores (VII, 180). Cuenta que en un tratado copió casi entera la Medea de Eurípides, y que a alguien que lo llevaba en la mano le preguntaron qué leía y contestó «la Medea de Crisipo». Después enumera los títulos por series, con un total de trescientos once escritos de lógica (VII, 198).
De muchos de aquellos libros, esas listas son casi lo único que nos queda. Y aquí se ve el estado material del volumen, porque la lista de las obras de ética se corta en mitad de una frase (VII, 202). Un índice de uno de los manuscritos indica que el libro seguía con otros estoicos, entre ellos Panecio y Posidonio, cuyas vidas no conservamos.
Lo que no te da
Laercio escribe casi cinco siglos después de Zenón. Ofrece sobre todo tesis y atribuciones, casi siempre en resumen, y rara vez desarrolla los argumentos completos. Para ver razonar a un estoico hay que ir a los que conservamos enteros, como Séneca o Epicteto. Laercio te dice qué se atribuía a Zenón y a Crisipo, y ellos te enseñan cómo se vive con esas ideas.
Cómo de fiable es Diógenes Laercio
Es fiable como archivo y poco fiable como historiador. Conserva lo que de otro modo se habría perdido, pero junta versiones contradictorias sin decidir entre ellas, mezcla hechos con leyendas y casi nunca examina sus fuentes.
Los especialistas le reprochan que acumule detalles sueltos y que apenas analice la filosofía que cuenta. Según recoge Wikipedia, el editor Herbert S. Long advirtió en 1964 que Laercio «ha adquirido una importancia desproporcionada a sus méritos porque la pérdida de muchas fuentes primarias lo ha dejado, por accidente, como la principal fuente continua para la historia de la filosofía griega». Aun así, la misma fuente recuerda que Montaigne habría querido que en lugar de un Laercio hubiera una docena.
Hay una virtud inesperada. Como Laercio no es un gran pensador, tiende a copiar sin reinterpretar, y Wikipedia cita al estudioso Robert Strozier, que lo considera fiable justamente por eso, aunque simplifica. El mejor ejemplo es Epicuro. En el libro X transcribe tres cartas suyas, a Heródoto sobre la física, a Pitocles sobre los fenómenos celestes y a Meneceo sobre la vida (X, 28-29, 35, 84 y 122), y cierra con sus máximas principales (X, 139). Esos textos los leemos hoy gracias a él.
Tres reglas prácticas nuestras para usarlo bien.
- Fíjate en a quién atribuye cada cosa. Un «según Hermipo» o «según Apolodoro» es una pista de dónde mirar, y la ausencia de nombre pide más prudencia.
- Trata una anécdota como anécdota. Una muerte pintoresca o un dicho ingenioso es un dato de otra clase que una lista de obras o una carta citada entera.
- Cuando te importe la doctrina, contrasta con estoicos que se conservan completos y con nuestra lista de los estoicos más importantes.
Dónde leer a Diógenes Laercio
El libro es de dominio público y puedes leerlo gratis en línea. En inglés, la traducción de R. D. Hicks (Loeb, 1925) está en LacusCurtius y en Perseus, que además da el texto griego. En español, la traducción de José Ortiz y Sanz, de 1792, está en Wikisource, con la ortografía de la época. Si prefieres una traducción moderna, la de Carlos García Gual publicada por Alianza es una opción habitual. Para trabajo académico, la edición crítica de Tiziano Dorandi (Cambridge, 2013) es la más reciente.
Si solo vas a leer un trozo, elige según lo que busques. El libro VII para los estoicos, el X para Epicuro y el VI para los cínicos, incluido Diógenes de Sinope. Como las ediciones modernas mantienen la misma numeración en párrafos, cuando alguien te cite a Diógenes Laercio puedes pedirle el libro y el párrafo y encontrarlo en cualquiera de ellas. Para elegir qué más leer, tienes nuestra guía de libros de estoicismo.
Preguntas frecuentes sobre Diógenes Laercio
¿Diógenes Laercio y Diógenes de Sinope son la misma persona?
No. Diógenes de Sinope fue un filósofo cínico del siglo IV a. C. y Diógenes Laercio un biógrafo que vivió, según se calcula, en el siglo III d. C. Laercio cuenta la vida del cínico en el libro VI de sus Vidas, y de ahí viene la confusión.
¿Era estoico Diógenes Laercio?
No hay pruebas de que lo fuera. No declara pertenecer a ninguna escuela y su libro termina con Epicuro, de quien reproduce cartas enteras. Lo que se le reconoce es el mérito de haber conservado material estoico en el libro VII.
¿Se conserva entera la obra de Diógenes Laercio?
Casi. Se conservan los diez libros, pero con lagunas, y todos los manuscritos pierden el final del libro VII, que se corta durante la vida de Crisipo. Un índice de uno de los manuscritos indica que continuaba con otros estoicos.
¿Qué cartas de Epicuro conserva Diógenes Laercio?
Tres. La carta a Heródoto trata de la física, la carta a Pitocles de los fenómenos celestes y la carta a Meneceo de cómo vivir. Se encuentran en el libro X, junto con las máximas principales de Epicuro.
¿Qué significa un número como VII, 28 en una cita?
Es el libro y el párrafo. Se escribe el libro en números romanos y después el párrafo, y la numeración viene de la edición greco-latina de Meibomius de 1692. Como las ediciones modernas la mantienen, «VII, 28» te lleva al mismo pasaje en cualquier traducción actual.