Séneca: quién fue y qué enseñó el filósofo estoico
Séneca fue un filósofo estoico y político romano, nacido en Corduba (la actual Córdoba), autor de las Cartas a Lucilio, consejero de Nerón y obligado por este a quitarse la vida en el año 65. Es uno de los pocos estoicos de los que se conserva obra extensa, y también uno de los que más discusión despiertan por la distancia entre lo que escribió y cómo vivió.
Te cuento primero qué enseñó, con los textos donde lo dice, y después su vida, su muerte y las críticas que recibe. Casi todo lo que sabemos de su biografía sale de sus propios escritos, de los Anales de Tácito y de la Historia romana de Dión Casio, que es muy crítico con él.
Quién fue Séneca
Lucio Anneo Séneca nació en Corduba, en la provincia romana de Hispania, hacia el cambio de era, y se formó en Roma en retórica y filosofía. La fecha de nacimiento no está fijada. La Internet Encyclopedia of Philosophy dice que sus pocas referencias personales sitúan el nacimiento entre el 8 a. C. y el 1 a. C., con el 4 a. C. como estimación más común, y la Stanford Encyclopedia of Philosophy lo data hacia el 1 a. C. Por eso evitamos dar un año exacto.
Su padre, Séneca el Viejo, era de rango de caballero y de él viene el apodo «el Joven» con que se distingue al hijo. Su madre se llamaba Helvia. Tuvo dos hermanos según la Internet Encyclopedia of Philosophy, Novato, que tras ser adoptado se llamó Galión, y Mela, padre del poeta Lucano.
Fue estoico, pero no un ortodoxo que repitiera una escuela. La Internet Encyclopedia of Philosophy lo describe como un estoico que argumenta desde el marco que heredó de sus predecesores, y centrado sobre todo en la filosofía moral, la que enseña a vivir. Él mismo lo dice en Sobre la vida feliz, «no me ato a ninguno de los grandes maestros del estoicismo; también yo tengo derecho a opinar», aunque acepta lo que todos los estoicos comparten.
Qué enseñó Séneca
Séneca enseñó a usar bien el tiempo, a tratar la adversidad como entrenamiento, a vigilar la ira, a prepararse para la muerte y a buscar una vida acorde con la naturaleza y con la razón. Son seis ideas y, para cada una, el texto donde la dice. Las traducciones son nuestras.
El tiempo es lo único que es nuestro
En la primera carta a Lucilio escribe «todo, Lucilio, es ajeno; solo el tiempo es nuestro. A la posesión de esta única cosa, fugaz y resbaladiza, nos envió la naturaleza, y de ella nos expulsa quien quiere». Añade una advertencia que resume su método, «mientras se aplaza, la vida pasa» (Cartas 1). No habla de ahorrar tiempo sino de dejar de entregarlo sin darnos cuenta. En Sobre la brevedad de la vida lo lleva más lejos, «no tenemos poco tiempo, sino que perdemos mucho».
La adversidad prueba a la persona
Sobre la providencia responde a una pregunta de Lucilio, por qué les pasan cosas malas a las personas buenas si el mundo se gobierna con orden. La respuesta de Séneca es que la dificultad es el campo de entrenamiento de la virtud. Recoge una frase de Demetrio, «nada me parece más desdichado que aquel a quien nunca le ocurrió nada adverso». Compara a quien sufre con el soldado veterano, que mira su propia sangre sin palidecer, mientras el novato se asusta ante la sospecha de una herida. Su fórmula más corta es «el fuego prueba el oro, la desgracia a los hombres fuertes». Detrás hay una teología, la providencia estoica. Se puede leer también sin ella, y esa lectura es nuestra, como una invitación a no huir de lo difícil sin haberlo intentado.
La ira es una breve locura
Al comenzar Sobre la ira recuerda que algunos sabios la llamaron «breve locura», porque quien la sufre no se gobierna, olvida lo que debe y no distingue lo justo de lo falso. Lo más útil del tratado es un hábito. Séneca cuenta que Sextio, al acabar el día, se preguntaba «¿qué mal tuyo has curado hoy? ¿A qué vicio te has opuesto? ¿En qué eres mejor?». Y añade que él lo practica, que cuando se apaga la luz y su mujer, que ya conoce su costumbre, calla, examina todo el día y revisa lo hecho y lo dicho, sin ocultarse nada ni dejar nada de lado (Sobre la ira III, 36). Para llevarlo a tu vida tienes nuestra guía de cómo controlar la ira con el estoicismo.
La muerte se prepara, y prepararla libera
En la carta 26 toma prestada de Epicuro la frase «medita la muerte». Séneca la explica así, «quien dice esto manda meditar la libertad; quien ha aprendido a morir ha desaprendido a ser esclavo». Y concreta qué ata a las personas, «una sola cadena nos tiene sujetos, el amor a la vida, que no hay que desechar, pero sí disminuir». Es la raíz del memento mori estoico. No pide desear morir, sino que el miedo no mande en lo que decides.
La razón divina está dentro de ti
En la carta 41 deshace la idea de que haya que ir a un templo a pedir buen juicio, «no hay que levantar las manos al cielo» porque «dios está cerca de ti, está contigo, está dentro». Y añade que un espíritu sagrado reside en nosotros como observador y guardián de lo bueno y lo malo que hacemos, y que según lo tratamos, así nos trata él. Es la versión de Séneca del logos estoico, la razón que ordena el mundo y que también hay en cada persona.
La vida feliz sigue la naturaleza y no depende del placer ni del dolor
En Sobre la vida feliz define la felicidad como una vida acorde con la naturaleza, que exige una mente sana, firme, valiente, paciente y atenta a las cosas necesarias sin ansiedad. Advierte del peligro de organizarla en torno al placer, porque quien lo hace queda también a merced del dolor y sirve a dos amos inciertos y despóticos, y dice que la libertad solo la da el desdén por la fortuna. La idea de fondo de las seis es la misma, y es nuestra lectura, que la paz depende más de tu juicio que de lo que te llegue de fuera.
Las obras que se conservan
Según la Internet Encyclopedia of Philosophy se conservan 124 cartas a Lucilio, en veinte libros, y es probable que no sean todas. A eso se suman los tratados y diálogos, entre ellos tres consolaciones, Sobre la ira, Sobre la providencia, Sobre la clemencia, Sobre el ocio y Sobre los beneficios, además de las Cuestiones naturales, una obra de física estoica. En el teatro se le atribuyen ocho tragedias. También hay una sátira sobre la deificación de Claudio, la Apocolocintosis. Las cartas mezclan asuntos cotidianos con cuestiones filosóficas y son, según la misma enciclopedia, los textos suyos más leídos e influyentes. Tienes el resumen de las cartas en nuestro artículo sobre las Cartas a Lucilio.
De Córdoba a Roma
La vida de Séneca tiene cinco momentos que conviene tener en orden, porque el resto se entiende desde ellos. Nace en Córdoba, es desterrado a Córcega, vuelve a Roma como tutor de un niño que será emperador, se aparta de la corte y muere por orden de ese mismo emperador.
Las fechas del destierro, del regreso y de la muerte son las más firmes, y las tres se apoyan en Tácito y en las enciclopedias que citamos más abajo. Las de su juventud son aproximadas y casi todo lo que sabemos de ellas depende de lo poco que Séneca dice de sí mismo. Él se define, en un discurso que le atribuye Tácito, como nacido en el rango de un simple caballero y como provinciano.
El exilio y el regreso
Séneca fue desterrado a Córcega en el año 41 y volvió en el 49, cuando Agripina logró que el emperador Claudio le levantara el castigo. Fue acusado de adulterio con Julia Livila, hermana del emperador Calígula. Según la Internet Encyclopedia of Philosophy su culpabilidad no está bien atestiguada y los motivos del proceso siguen siendo inciertos. Dión Casio cuenta que el castigo vino de Mesalina, que acusó a la sobrina de Claudio, Julia, de varios delitos, entre ellos adulterio, y que por eso también fue desterrado Séneca. Es una versión de un autor posterior y poco amable con él.
El regreso lo cuenta Tácito. Agripina consiguió el perdón de Séneca y una pretura, pensando que su fama de escritor haría popular el gesto y que así ganaría un buen tutor para su hijo, el futuro Nerón. Tácito añade que se creía a Séneca unido a Agripina por el recuerdo de ese favor y resentido con Claudio por la injuria. Del destierro salen sus consolaciones a su madre Helvia y a Polibio.
Séneca y Nerón
Cuando Nerón llegó al trono, Séneca y el prefecto Afranio Burro ejercieron la mayor influencia sobre él durante unos años, con métodos distintos. Tácito dice que ambos eran tutores del joven emperador y que, caso raro, estaban de acuerdo. Burro aportaba su disciplina militar y Séneca sus lecciones de elocuencia, y entre los dos intentaban que los años de tentación de Nerón no pasaran de lo tolerable.
Tácito cuenta también un detalle que a Séneca no le favorece. El discurso fúnebre que Nerón pronunció por Claudio lo había escrito él, y los ancianos que comparaban épocas notaron que Nerón era el primer emperador que necesitaba una elocuencia prestada.
El equilibrio se rompió con la muerte de Burro. Tácito escribe que no se sabe si murió de enfermedad o envenenado, y que su desaparición sacudió la posición de Séneca porque Nerón se inclinaba hacia peores consejeros. Séneca pidió entonces una audiencia y le ofreció a Nerón devolverle sus bienes y retirarse. Nerón se negó con abrazos y besos, y Tácito comenta que sabía ocultar el odio bajo las caricias. Séneca cambió su rutina, evitó las antesalas y apareció poco en público. La Stanford Encyclopedia sitúa ese breve periodo de apartamiento entre el 62 y el 65, y lo identifica con los años en que se escribieron las Cartas a Lucilio y las Cuestiones naturales.
Cómo murió Séneca
Séneca se quitó la vida obligado por una orden de Nerón, tras ser mencionado en la conspiración de Pisón, aunque Tácito dice que no estaba probado que hubiera participado.
Tácito cuenta que la muerte de Séneca fue una alegría para el emperador. No porque estuviera probado que había participado en el complot, sino porque el veneno no había funcionado y quería acabar con la espada. Solo un conspirador, Natalis, lo había mencionado, y únicamente para contar que Pisón lo envió a quejarse porque Séneca no lo recibía. Un tribuno llevó el mensaje a su casa de campo, a cuatro millas de Roma, donde cenaba con su mujer, Pompeia Paulina, y dos amigos.
Según el mismo relato, el centurión le negó las tablillas del testamento, y Séneca dijo a sus amigos que les dejaba lo único que tenía, la imagen de su vida. Se abrió las venas de los brazos, y como su cuerpo, delgado por la vida frugal, sangraba despacio, se cortó también las de las piernas. Dictó un largo discurso a sus secretarios. Tomó un veneno que ya tenía preparado, sin efecto, y por último lo metieron en un baño de agua caliente, donde se asfixió con el vapor. Fue incinerado sin ceremonia, como había ordenado en su testamento.
Tácito añade que circulaba un rumor sobre un plan para hacerlo emperador tras eliminar a Nerón, y que se decía que Séneca lo sabía. Él mismo lo presenta como rumor.
Las críticas a su vida
La crítica más antigua y más repetida es que Séneca predicaba una vida sencilla mientras acumulaba riqueza y poder, y las fuentes la recogen, pero casi siempre por boca de enemigos. La reproducen Tácito, que pone la acusación en labios de un adversario, y Dión Casio, que la hace suya.
El adversario es Publio Suilio, una figura temida y venal del reinado de Claudio. Según Tácito, Suilio preguntó con qué rama de la sabiduría había reunido Séneca trescientos millones de sestercios en cuatro años de favor real, y lo acusó de cazar herencias en Roma y de saquear Italia con usura. Tácito añade que Suilio fue después condenado por otros delitos. Dión Casio da la misma cifra como hecho, y suma que tenía quinientas mesas de madera de cidro con patas de marfil. También lo acusa de obrar al revés de su filosofía, denunciar la tiranía y educar a un tirano, y de haber adulado desde el destierro a Mesalina y a los libertos de Claudio con un libro que luego suprimió.
Cómo se defendió Séneca y qué podemos decir
Séneca respondió a la acusación en sus propios textos, y lo que podemos afirmar con prudencia es menos de lo que se repite. No se esconde de ella. En el discurso que Tácito le pone ante Nerón, reconoce que ha recibido tanto honor y riqueza que solo le falta saber usarlos con discreción, y le ofrece devolverlos. En Sobre la vida feliz se imagina al crítico preguntando por qué habla con más firmeza de lo que vive y responde «no soy sabio y, para alimentar tu malevolencia, tampoco lo seré. Exígeme no ser igual a los mejores, sino mejor que los malos». Sobre las riquezas sostiene que deben despreciarse, pero no para no tenerlas sino para no tenerlas con inquietud. Y recuerda que esa objeción, «hablas de una manera y vives de otra», ya se les hizo a Platón, a Epicuro y a Zenón. Sobre Zenón tenemos nuestro artículo de Zenón de Citio, y el tema del dinero lo desarrollamos en estoicismo y dinero.
Lo que podemos decir con prudencia es poco. Que fue rico lo reconoce él mismo. La cifra exacta sale de acusadores. Que predicara una cosa y viviera otra es un juicio moral, y las fuentes que lo sustentan no son imparciales. Dión Casio es muy crítico con él. Tácito escribe con más distancia y aun así recoge el rumor de que los conspiradores pensaban hacerlo emperador, que no confirma.
Cómo leer a Séneca hoy
Lo más útil para empezar es leer la carta 1 a Lucilio y Sobre la brevedad de la vida, que son cortas y enseñan lo mismo que su fama, la importancia del tiempo. Después puedes ampliar con el resto de cartas, que se leen una a una, con Sobre la providencia si te importa cómo afrontar lo difícil, o con Sobre la ira si te cuesta mantener la calma.
Una propuesta nuestra, no un ejercicio que Séneca prescribiera, es combinar dos de sus ideas. Esta semana apunta en qué se te ha ido el tiempo y escribe tres cosas que te lo quitaron sin que lo decidieras. Por la noche, antes de dormir, hazte las preguntas de Sextio sobre el día. Si una de esas tres cosas la puedes dejar de hacer, ya has recuperado algo, y si no, al menos sabes dónde se va.
Ten cuidado con las frases sueltas. En internet circulan muchas atribuidas a Séneca sin obra ni pasaje, y es fácil caer en citas falsas. Si buscas frases, empieza por las frases de Séneca y contrasta con las frases de Séneca falsas. Para situarlo entre los demás, consulta los estoicos más importantes y su vínculo con las virtudes.
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Preguntas frecuentes sobre Séneca
¿Séneca era español o romano?
Las dos cosas, con matiz. Nació en Corduba, en la provincia romana de Hispania, así que «español» es un término posterior que no existía. Él mismo, en el discurso que le atribuye Tácito, se define como provinciano de rango de caballero. Lo más exacto es decir que fue un romano nacido en Hispania.
¿Murió también su mujer, Paulina?
No. Según Tácito, Pompeia Paulina quiso morir con él y se hizo la incisión en los brazos, pero Nerón ordenó detenerla. Sus esclavos y libertos le vendaron las heridas. Tácito dice que no está claro si ella lo supo, y que vivió unos años más con una palidez que mostraba lo que había perdido.
¿Escribió Séneca cartas a San Pablo?
No. Existe una correspondencia de catorce cartas entre Pablo y Séneca, pero se considera una falsificación. Según la Wikipedia en inglés, se escribió hacia mediados del siglo IV y no se conoce a su autor.
¿Por qué se le llama Séneca el Joven?
Su padre se conoce como Séneca el Viejo, según la Internet Encyclopedia of Philosophy, y al hijo se le añade «el Joven» para no confundirlos. El filósofo estoico es el hijo, el que escribió las cartas y los tratados.
¿Por dónde empiezo a leer a Séneca?
Una propuesta nuestra es empezar por la carta 1 a Lucilio, que cabe en una página, y seguir con las cartas siguientes de una en una. Si prefieres un texto continuo, Sobre la brevedad de la vida es corto y trata el mismo tema. El resumen de las cartas te ayuda a elegir.