Persona estoica: cómo actúa y cómo reconocerla
Una persona estoica es alguien que no deja que lo que pasa decida lo que hace. Siente como cualquiera, pero entre el golpe y la respuesta pone un espacio para juzgar, y actúa desde ahí. No es, como se suele decir, la que aguanta con cara de piedra ni la que no siente nada.
Te cuento primero qué significa la palabra en la calle y qué significaba para los estoicos. Después vamos a lo que interesa, cómo actúa una persona estoica en seis situaciones de hoy, con el texto antiguo que lo explica. Y cierro con lo que no es, cómo reconocerla en ti y si se puede llegar a serlo.
¿Qué es una persona estoica?
En el lenguaje de la calle, una persona estoica es la que encaja los golpes sin inmutarse. En la filosofía, la que ha aprendido a distinguir lo que depende de ella de lo que no, y a actuar con razón en lo primero.
La diferencia importa porque el uso coloquial mira solo lo de fuera y se olvida de lo de dentro. Epicteto abre el Enquiridión con la división sobre la que se apoya todo lo demás, «unas cosas dependen de nosotros y otras no» (Enquiridión 1). Entre las tuyas pone la opinión, el deseo y tus propias acciones. Entre las ajenas, el cuerpo, los bienes y la reputación.
De ahí sale la conducta. Si lo único que es de verdad tuyo es cómo juzgas y qué haces, la persona estoica pone ahí su esfuerzo y deja de pelearse con el resto. Las ideas de fondo las tienes en los principios del estoicismo y las cuatro virtudes en el artículo sobre las virtudes estoicas. Por fuera, una persona estoica no tiene un aspecto concreto. Puede llorar, pedir ayuda, quejarse de que le duele la espalda o enfadarse alguna vez. Lo que la reconoce no es una cara serena, sino lo que decide hacer con lo que siente, y de eso va el resto.
¿Cómo actúa una persona estoica?
Actúa con una pausa de por medio. Lo que ocurre le llega como a cualquiera, pero antes de responder se pregunta qué es eso que ha pasado y qué parte de ello es suya. Epicteto lo pide así, ante cualquier apariencia dura hay que decirle «no eres más que una apariencia, y no del todo lo que aparentas ser» (Enquiridión 1).
Se ve mejor en escenas. Las que siguen las hemos imaginado nosotros, no son episodios de nadie, y en cada una verás la reacción de siempre y la estoica lado a lado.
Un imprevisto
Se cancela tu tren y vas a llegar tarde a algo importante. La reacción de siempre es maldecir y buscar a quién echarle la culpa. La estoica empieza por lo que sigue en pie. Llegar a tiempo ya no depende de ti, avisar y buscar otra ruta sí. Epicteto aconsejaba ensayarlo antes de cualquier acto, imaginar lo que suele pasar en él, como en los baños con sus empujones y sus robos, y decirse «quiero bañarme y mantener mi mente conforme a la naturaleza» (Enquiridión 4).
Una provocación
En una reunión, un compañero suelta un comentario con retintín delante de todos. La reacción de siempre es contestar en el acto y más fuerte. La estoica gana tiempo. Para Epicteto no insulta el que dice la mala palabra, sino la opinión de que eso es un insulto, y por eso lo primero es no dejarte arrastrar por la apariencia, porque «si ganas tiempo y respiro, te dominarás con más facilidad» (Enquiridión 20). Séneca explica por qué sirve esperar, «nada se ve con cuidado en medio de la marejada» (Sobre la ira III.12). Y cuenta que Platón, con la mano ya alzada contra un esclavo, se quedó quieto al notar su furia. Si lo tuyo es la ira en grande, mira cómo controlarla.
Una pérdida
Muere alguien a quien querías. La persona estoica llora, y nadie le pide otra cosa. Séneca se lo dice a un amigo que perdió a otro, «que los ojos no estén secos al perder a un amigo, ni se desborden» (Cartas a Lucilio 63). Lo que se trabaja es el juicio que se añade al dolor, el «esto no debería haber pasado». Y con quien llora a su lado, Epicteto dice que lo acompañes con palabras, sin dejar que su juicio se convierta en el tuyo (Enquiridión 16).
Una decisión difícil
Te ofrecen un trabajo mejor en otra ciudad. La reacción de siempre es decidir con la emoción del momento, la del entusiasmo o la del miedo. La estoica mira el asunto entero, como pide Epicteto, «en cada asunto considera lo que precede y lo que sigue, y solo entonces emprende» (Enquiridión 29). Él lo ilustra con quien quiere ganar en los Juegos Olímpicos y debe aceptar la dieta y el ejercicio a todas horas. Antes de decir que sí, se pregunta qué le va a costar y si está dispuesta a pagarlo. Y una vez decidido, suelta cómo saldrá.
Que no te den lo que querías
Ascienden a un compañero y no a ti. La reacción de siempre es la amargura y buscarle defectos al otro. Epicteto lo plantea como un precio. Una lechuga cuesta unas monedas, quien las paga se lleva la lechuga y quien no las paga se queda con su dinero, así que el otro no ha ganado nada sobre ti (Enquiridión 25). Si el puesto exigía adular o estar siempre disponible, decides tú si lo pagas. Y se alegra por su compañero si el ascenso es algo bueno, o no se aflige por no tenerlo si no lo es.
El trato con los demás
Hay un compañero que cada día te complica algo. La estoica no espera que sea distinto. Marco Aurelio empezaba la jornada avisándose de que se toparía con gente entrometida, ingrata, soberbia o envidiosa, y se explicaba el motivo. Actuaban así por ignorar qué es bueno y qué es malo, y como eran parientes suyos, partícipes de la misma razón, no podía enfadarse ni odiarlos, porque «hemos nacido para cooperar, como los pies, las manos o los párpados» (Meditaciones II.1).
Lo que una persona estoica no es
No es fría, ni resignada, ni alguien que aguanta en silencio. Los tres malentendidos nacen de mirar solo el gesto de fuera.
No es fría. Séneca reconoce que la pérdida duele incluso a quien está muy por encima de la fortuna, que a él también le «pellizcará, pero solo pellizcará» (Cartas a Lucilio 63). Lo que se entrena no es dejar de sentir, sino no quedar a merced de lo que sientes. De eso trata la apatheia, que no es apatía.
No es resignada. Lo que no se pelea es lo que no depende de ti. Lo que sí depende, tus decisiones, tus palabras y tu esfuerzo, es justo donde Epicteto pide actuar, «tu tarea es representar bien el papel que te ha tocado» (Enquiridión 17). Aceptar que el tren no sale no te dispensa de buscar otro.
No es aguantar y callar. Séneca desconfía de los dos extremos, de los ojos secos y del dolor exhibido, porque dice que hay también cierta ambición en el dolor (Cartas a Lucilio 63). Ni hace falta aparentar dureza ni derrumbarse en público. Hace falta mirar qué te estás diciendo sobre lo que te pasa.
¿Cómo saber si eres una persona estoica?
No hay un test, pero hay señales que se notan en el día a día, y casi todas pasan por dentro antes que por fuera. La primera es la pausa, ese segundo en el que ya no contestas con lo primero que te sale. La segunda es separar sin esfuerzo lo que es tuyo de lo que no. La tercera es dónde pones la culpa.
Epicteto distingue tres momentos. Quien no ha empezado a formarse echa la culpa de su mal estado a los demás, quien está empezando se la echa a sí mismo, y quien ya está formado no culpa ni a unos ni a otros (Enquiridión 5). La mayoría estamos entre el primero y el segundo, y de ahí se parte. Otra señal es la envidia. Si lo bueno está en lo que depende de ti, dice, «no habrá lugar para la envidia ni la emulación» (Enquiridión 19). Cuando ves a alguien lograr lo que tú querías y sientes menos amargura y más curiosidad por cómo lo hizo, algo se ha movido.
Otra señal es qué haces ante un contratiempo. Epicteto aconseja preguntarte con qué cuentas para sacarle partido. Ante un dolor, entrenas la fortaleza, ante unas palabras desagradables, la paciencia (Enquiridión 10). Si tu primera pregunta empieza a ser «¿qué puedo hacer con esto?» y no «¿por qué a mí?», vas por buen camino.
No te lo tomes como un examen para puntuarte. Sirve de espejo, y casi todo el mundo se reconoce a medias.
¿Se puede llegar a ser una persona estoica?
Sí, porque es un hábito que se entrena y no un rasgo con el que se nace. Empieza por la pausa y por preguntarte si aquello que te molesta depende de ti. Si quieres un plan para las primeras semanas, la guía de cómo ser estoico trae ejercicios y una rutina de siete días.
Un consejo para medir si avanzas. A mí me ayuda compararme con mi yo del pasado, para ver si soy al menos un 1% mejor. Compararse con el ideal de persona estoica solo sirve para desanimarse.
Y prepárate para algún comentario. Epicteto avisa a quien se mete en esto de que puede que se rían de él y de que lo mejor es mantenerse en lo que le parece correcto, sin ponerse estirado (Enquiridión 22). Si cambias la manera de reaccionar, los de alrededor lo notan, y no siempre lo celebran.
Conclusión
Una persona estoica no se distingue por la cara que pone, sino por lo que hace entre lo que le pasa y lo que responde. Siente, espera un momento, separa lo suyo de lo que no, y actúa en lo primero.
Si quieres llevarte algo, que sea una sola cosa. La próxima vez que algo te saque de quicio, antes de contestar, ganas unos segundos y te preguntas qué parte de esto es tuya. Es una propuesta nuestra para ensayar lo que cuentan Epicteto y Séneca, y se nota desde la primera semana.
Preguntas frecuentes
¿Ser estoico es bueno?
Sí, si se entiende bien. Ser estoico en el sentido filosófico ayuda a responder con más calma y más claridad ante lo que no controlas. Deja de serlo si se confunde con reprimir lo que sientes o con aguantarlo todo en silencio, que es justo lo que los estoicos no proponían.
¿Una persona estoica no siente?
No, siente como cualquiera. Séneca admite que una pérdida duele incluso a quien está muy por encima de la fortuna. Lo que busca la persona estoica es no dejarse arrastrar por lo que siente, y cuestionar los juicios que se suman a la emoción y la agrandan.
¿Cuáles son las 3 reglas del estoicismo?
No existe una lista oficial de tres reglas, y las que circulan varían según quién las cuente. Lo que sí comparten casi todas son las cuatro ideas de fondo de la escuela, que explicamos en el artículo sobre los principios del estoicismo, con el texto antiguo de cada una.
¿Cómo empiezo a actuar como una persona estoica?
Empieza por una pausa. Ante una molestia pequeña, espera unos segundos antes de responder y pregúntate si aquello depende de ti. No hace falta más durante la primera semana. Cuando eso salga casi solo, puedes pasar a ejercicios más largos, como los de la guía para ser estoico.
¿Qué hago si reacciono en caliente y me arrepiento?
Es normal y no echa por tierra nada. Repara lo que puedas, pide perdón si hace falta y fíjate en qué te dijiste justo antes de saltar. Esa frase es lo que hay que pillar la próxima vez. Cada vez que lo haces, aunque llegues tarde, entrenas la pausa.