Principios del estoicismo: las 4 ideas que lo sostienen

Los principios del estoicismo son pocos y se apoyan unos en otros. Vivir de acuerdo con la razón, creer que solo la virtud es buena, distinguir lo que depende de ti de lo que no y entender que lo que te altera es tu juicio, no lo que pasa. De esas cuatro ideas sale casi todo lo que se cuenta en nombre de esta filosofía.

Te cuento primero qué son las «4 reglas del estoicismo» que tanta gente busca, porque no son lo que parece. Después vemos cada una de las cuatro ideas con el texto antiguo del que sale y un ejemplo de hoy, y cómo se notan en un día normal.

¿Cuáles son las 4 reglas del estoicismo?

Lo que se llama las 4 reglas, o los 4 pilares, del estoicismo son las cuatro virtudes, sabiduría, justicia, coraje y templanza. Los estoicos no dejaron una lista oficial de reglas. Diógenes Laercio, que recoge sus enseñanzas, cuenta esas cuatro entre los bienes (Vidas de los filósofos ilustres VII.102). Es la cifra que sale de esa lista.

Por eso las listas de principios que circulan no coinciden, unas de 5, otras de 6, de 10 o de 20. Cada autor decide qué cuenta como principio y suele mezclar las ideas de la escuela con ejercicios como el memento mori o la premeditación de los males. Las virtudes ya las tienes una por una en el artículo sobre las virtudes estoicas, así que aquí no las repito. Aquí van las ideas que hay debajo, las que explican por qué esas virtudes son lo único que importa.

Los cuatro principios de los que sale todo lo demás

Los cuatro principios son vivir de acuerdo con la razón, que solo la virtud es buena, que unas cosas dependen de ti y otras no, y que te perturba tu juicio sobre las cosas y no las cosas mismas. Ordenarlos así es una forma nuestra de entenderlos, pero cada uno se apoya en el anterior.

Los cuatro principios del estoicismo apilados como capas. En la base, vivir según la razón. Encima, solo la virtud es buena y lo demás es indiferente. Encima, lo que depende de ti son tus actos y tus opiniones. En la cima, tu juicio, lo que te dices sobre lo que pasa.
Es nuestra forma de ordenarlos. De la base sale lo que va encima, y por eso quitar uno deja cojos a los demás.

Vivir de acuerdo con la razón y la naturaleza

Para los estoicos, vivir bien es vivir de acuerdo con la naturaleza, y lo propio de la naturaleza humana es la razón. Diógenes Laercio cuenta que Zenón fue el primero en fijar así la meta de la vida, «una vida de acuerdo con la naturaleza» (Vidas de los filósofos ilustres VII.87). Los animales siguen su impulso. En los seres racionales, explica, la razón llega para dar forma al impulso, y por eso para nosotros lo natural es vivir según ella (VII.86).

Crisipo añadía que nuestra naturaleza individual es parte de la del universo entero, y de ahí la idea de una razón común que lo atraviesa todo, el logos. Hoy se nota en algo pequeño. Te llega un mensaje que te irrita y el impulso pide contestar ya. Vivir según la razón es dejar que decida ella qué haces con ese impulso, y no al revés.

Solo la virtud es buena

Si vivir bien es vivir con razón, lo único que merece llamarse bueno es usarla bien, la virtud. Según Diógenes Laercio, los bienes son la prudencia, la justicia, el coraje y la templanza, y los males sus contrarios. Todo lo demás, la vida, la salud, el placer, la belleza, la fuerza, la riqueza, la fama y también sus opuestos, no es ni bueno ni malo (VII.102). El argumento es sencillo. Lo bueno beneficia siempre y no perjudica, pero de la riqueza y de la salud se puede hacer buen o mal uso, así que no son bienes (VII.103).

Árbol de la clasificación estoica según Diógenes Laercio. Todas las cosas se dividen en buenas, que son las virtudes, indiferentes y malas, que son sus contrarios. Las indiferentes se reparten en preferidas, como la salud, la riqueza y la fama, y rechazadas, como la enfermedad, la pobreza y la deshonra.
Casi todo lo que se persigue, dinero, salud o fama, cae en el centro. Ni bueno ni malo, aunque se prefiera.

Esto no significa que te dé igual enfermar o arruinarte. Los estoicos repartían esas cosas «indiferentes» en preferidas, como la salud, la riqueza o la buena fama, y rechazadas, como la enfermedad, la pobreza o la deshonra (VII.105-106). Prefieres lo primero, pero tu valor como persona no cambia con ninguna de las dos listas. Ni siquiera dentro de la escuela había unanimidad, porque Posidonio contaba la riqueza y la salud entre los bienes (VII.103). Cómo se vive esto con el dinero lo tienes en estoicismo y dinero.

Distinguir lo que depende de ti de lo que no

Epicteto abre el Enquiridión con esta división, «unas cosas dependen de nosotros y otras no» (Enquiridión 1). Dependen de ti la opinión, el impulso de actuar, el deseo y la aversión, en suma, tus propias acciones. No dependen de ti el cuerpo, los bienes, la reputación ni los cargos. Encaja con el principio anterior. Si lo único bueno es la virtud y la virtud es cosa tuya, lo que de verdad importa está a tu alcance, y lo demás lo reparte el azar.

Epicteto avisa de lo que cuesta confundirlo. Quien toma por suyo lo que es ajeno se lamentará, se turbará y culpará a los dioses y a los hombres, y quien separa bien las dos cosas no tendrá a quién reprochar nada (Enquiridión 1). Y no es cruzarte de brazos, porque en la lista de lo tuyo entran tus acciones. Esa parte, la de juzgar y elegir, es lo que Epicteto llama prohairesis, y la explico en el artículo sobre la prohairesis. La herramienta práctica que sale de aquí es la dicotomía del control.

Te perturba tu juicio, no lo que pasa

«No son las cosas las que perturban a las personas, sino las opiniones que se forman sobre ellas» (Enquiridión 5). Epicteto pone un ejemplo duro. La muerte no es terrible, porque si lo fuera se lo habría parecido a Sócrates. Lo terrible es la opinión de que la muerte es terrible. Marco Aurelio dice lo mismo con otras palabras, que si algo externo te duele no es la cosa lo que te perturba sino tu juicio sobre ella, y que ese juicio puedes borrarlo ahora mismo (Meditaciones VIII.47).

Este principio es el que cierra la cadena con el segundo. Según Diógenes Laercio, Crisipo consideraba que las pasiones son juicios, y que la avaricia, por ejemplo, es suponer que el dinero es un bien (VII.111). Si juzgas que algo externo es lo que de verdad importa, la ansiedad por perderlo viene detrás. El mismo atasco que a uno lo desespera, otro lo aprovecha para escuchar un pódcast. Lo que cambia no es el atasco, es lo que cada uno se dice sobre él.

Quién dijo cada cosa

Ninguno de los cuatro principios lo formuló una sola persona de golpe, y conviene saber de quién es cada pieza. Zenón de Citio, el fundador de la escuela, fijó la meta como una vida de acuerdo con la naturaleza (Vidas de los filósofos ilustres VII.87). Crisipo, otro de los primeros maestros de la escuela, es a quien Diógenes Laercio atribuye la idea de que las pasiones son juicios (VII.111). Epicteto, que enseñó siglos después, puso por delante la división entre lo que depende de ti y lo que no, y la idea de que te perturban las opiniones (Enquiridión 1 y 5). Y Marco Aurelio, emperador de Roma, la repite en sus notas personales (Meditaciones VIII.47).

Eso explica por qué los principios encajan tan bien y a la vez se enseñan por separado. Son aportaciones de distintas épocas a una misma escuela, que luego se resumieron en listas. Si quieres ubicar a cada uno, tienes a Zenón de Citio y a los estoicos más importantes.

Cómo se nota cada principio en un día normal

Se notan en las preguntas que te haces cuando algo te sale mal, y en el momento se recorren al revés que arriba. Empiezas por el juicio y subes hasta la razón. Es un recorrido que proponemos nosotros para llevar las cuatro ideas a lo cotidiano.

Cuando algo te molesta, cuatro preguntas en orden. Primero tu juicio, qué me estoy diciendo sobre esto. Después lo tuyo, si depende de mí. Después lo bueno, si me quita algo bueno de verdad. Y al final la razón, qué haría alguien razonable.
En el momento se recorren al revés que en la teoría. La primera pregunta es la que se puede hacer ya.

Me pasó con dieciséis años en Irlanda, en un bus turístico de dos pisos. Una gaviota me cagó en el hombro delante de todos. Me pregunté si dependía de mí y no, era mala suerte, y si me hubiera sentado en otro asiento no habría pasado. Lo que sí dependía de mí era qué hacía después. Saqué un pañuelo, limpié lo que pude y no dejé que me amargara el día, porque estaba en Irlanda haciendo algo que no había hecho nunca. Es una putada y pasas un poco de vergüenza, pero hoy ya ni me acuerdo de qué sudadera era.

Las dos primeras preguntas son las que más rendimiento dan. Si el jefe te corrige delante de otros, la primera te hace ver que lo que duele no es la corrección sino lo que te dices sobre lo que van a pensar de ti. La segunda separa lo que no controlas, qué piensen ellos, de lo que sí, cómo recibes la corrección y qué haces para mejorar el trabajo.

La tercera pregunta es la que más cuesta, porque pide mirar si lo que te molesta te quita algo que de verdad es bueno o solo algo preferible. Muchas veces es lo segundo. La cuarta es la que ordena la respuesta, qué haría ahora alguien razonable, justo y con templanza, y esa sí te lleva de vuelta a las cuatro virtudes del principio.

¿Dónde encajan el amor fati, el memento mori y los demás?

Encajan como prácticas que se desprenden de las cuatro ideas. Es lectura nuestra, no una clasificación antigua, pero ayuda a ver por qué casi todas las listas de principios incluyen lo mismo.

El amor fati es aplicar el tercer principio hasta el final, aceptar lo que no depende de ti en lugar de pelearte con ello. La premeditatio malorum ensaya por adelantado justo esas cosas que no controlas, para que no te sorprendan. Y el memento mori recuerda que la vida misma está entre esas cosas que no son tuyas, y que por eso conviene gastarla en la virtud y no en lo que no depende de ti. Si pasas de leer a practicar, la guía de cómo ser estoico te da una rutina de siete días.

Lo que estos principios no dicen

Se malentienden de tres maneras. La primera es creer que piden no sentir nada. Epicteto no dice que lo que te pasa no exista, dice que lo que te perturba pasa por tu opinión, y la opinión se puede examinar. Ahí está la parte que sí puedes trabajar.

La segunda es creer que piden vivir con lo mínimo. Los estoicos clasificaban la salud y la riqueza entre las cosas que se prefieren (Vidas de los filósofos ilustres VII.105-106), así que cuidarte y ganarte la vida no va contra ninguno de los cuatro.

La tercera es creer que piden resignación. En la lista de lo que depende de ti entran tus actos, y actuar, decidir y esforzarte es justo lo que se te pide que hagas bien (Enquiridión 1). Lo que se te pide soltar es la pelea contra lo que está fuera de tu alcance, no la acción.

Por dónde empezar

No intentes aplicar los cuatro a la vez. Empieza por el tercero, que es el más fácil de probar. Esta semana, cada vez que algo te moleste, pregúntate si depende de ti, y si no, suelta esa parte. Cuando eso salga casi solo, añade el cuarto y mira qué te estás diciendo sobre lo que te molesta. Los otros dos llegan solos, porque son lo que hay debajo. Si algún día te ves tentado de resumirlos en una lista de diez o de veinte, vuelve a estos cuatro y comprueba si lo que añades se apoya en alguno. Si no se apoya en ninguno, probablemente sea un consejo útil de otra procedencia y no un principio de la escuela.

Y si quieres comprobar si te lo estoy contando bien, lee el Enquiridión, que es corto, y busca los capítulos 1 y 5. Es la mejor manera de que estos principios dejen de ser mi explicación y pasen a ser tu lectura.


Preguntas frecuentes

¿Cuántos principios tiene el estoicismo?

No hay un número oficial, porque los estoicos no dejaron una lista de principios. Lo que suele contarse son cuatro ideas base. Vivir de acuerdo con la razón, que solo la virtud es buena, que unas cosas dependen de ti y otras no, y que te perturba tu juicio. Las listas de 5 o de 10 suman prácticas.

¿Cuáles son los 5 pilares o los 10 principios del estoicismo?

No existe una lista canónica de 5 pilares ni de 10 principios. Las que circulan varían de un autor a otro y suelen mezclar las ideas de la escuela con ejercicios como el memento mori, el amor fati o la premeditación de los males. Lo que sí es común a todas son las cuatro ideas de este artículo.

¿Hay que renunciar al dinero o a la salud para ser estoico?

No. Los estoicos clasificaban el dinero y la salud como indiferentes preferibles. Es razonable preferir tenerlos, pero no te hacen mejor ni peor persona, y por eso no deberían decidir tu paz ni tus actos. Lo que se pide es no depender de ellos para sentirte con valor.

¿Cómo empiezo a aplicar los principios del estoicismo?

Empieza por una sola pregunta, la de si lo que te molesta depende de ti. Hazla durante una semana ante cualquier contrariedad pequeña, y retira tu energía de lo que no depende de ti. Es el principio más fácil de probar, y los demás se entienden mejor cuando ya lo has usado unos días.

¿Qué hago si conozco los principios y aun así me altero?

Es lo normal, y no significa que no funcione. Alterarte a veces no te descalifica. Lo útil es notar qué te estás diciendo sobre lo ocurrido y si lo que te duele depende de ti. Cada vez que lo haces, aunque sea tarde, entrenas el juicio, que es justo lo que se pide.


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