Eudaimonia: qué significa y qué dice el estoicismo
La eudaimonia (en griego, εὐδαιμονία) es la palabra que suele traducirse por «felicidad», pero significa más bien vivir bien, una vida lograda y no un estado de ánimo. Para los estoicos consiste en vivir de acuerdo con la naturaleza y la razón, y depende solo de la virtud.
Te cuento primero qué significa la palabra, después cómo la entendía Aristóteles, que fue quien más la trabajó, y dedico el centro del artículo a lo que enseñaron los estoicos. Las traducciones son nuestras.
Qué significa eudaimonia
Eudaimonia significa vivir bien, no sentirse bien. El Diccionario de la lengua española recoge la forma adaptada «eudemonía», con el sentido de «dicha, felicidad». La palabra se compone de eu, «bien», y daimon, «espíritu», así que en su origen describe a quien vive favorecido por un dios. Aristóteles, sin embargo, no se apoya en esa etimología y la usa como simple sustituto de «vivir bien».
Por eso «felicidad» se queda corta. En español nombra sobre todo un sentimiento que viene y se va, y la eudaimonia se juzga sobre una vida entera. Aristóteles lo dice con una imagen, «una golondrina no hace verano, ni un solo día», y añade que ni un día ni poco tiempo hacen a nadie feliz (Ética a Nicómaco I, 7). Algunas traducciones usan «florecimiento» o «vida lograda», pero ninguna palabra española la recoge entera, y por eso conviene conservar la griega.
Eudaimonia en Aristóteles
Para Aristóteles la eudaimonia es el bien supremo de la vida humana, una actividad del alma conforme a la virtud a lo largo de una vida completa. En el primer libro de la Ética a Nicómaco llega a esa definición en tres pasos.
El primero es constatar que todos coinciden en la palabra y discrepan en el contenido. Tanto la gente corriente como los más refinados dicen que el bien supremo es la felicidad, pero unos la ponen en el placer, otros en la riqueza y otros en el honor. Aristóteles distingue tres tipos de vida, la de placer, la política y la contemplativa, y descarta que la felicidad sea el honor, porque depende de quien lo concede.
El segundo paso es el argumento de la función. Si lo propio del ser humano es una actividad del alma que implica razón, el bien humano será esa actividad hecha bien, es decir, «conforme a la virtud». El tercero es la condición de tiempo, la golondrina de antes.
Lo que lo separa de los estoicos viene después, donde sostiene que la eudaimonia también necesita bienes externos, porque «es imposible, o no fácil, obrar noblemente sin los medios adecuados».
Qué es la eudaimonia para los estoicos
Para los estoicos la eudaimonia es una vida que fluye bien porque se vive de acuerdo con la naturaleza y la razón, y lo único que hace falta para tenerla es la virtud. La Stanford Encyclopedia of Philosophy señala que la ética estoica es «eudaimonista» en su estructura, como la de epicúreos y peripatéticos, porque pone la vida lograda como meta de todo lo demás. Lo propio de los estoicos es lo que dicen que la compone.
Vivir de acuerdo con la naturaleza
Diógenes Laercio cuenta que Zenón fue el primero en designar el fin como «vivir de acuerdo con la naturaleza», que equivale a una vida virtuosa. Las fuentes no coinciden en quién añadió qué. Según Diógenes, Crisipo entendía por naturaleza tanto la del universo como la humana, mientras que Cleantes tomaba solo la del universo, y Estobeo atribuye a Zenón la fórmula más corta, «vivir en coherencia».
Lo que sí coincide es la imagen de una vida sin fisuras, que Diógenes llama «la corriente fluida de la vida». Séneca dice algo parecido, «la vida feliz es la que está de acuerdo con su propia naturaleza», y exige para ello una mente sana, firme, valiente, paciente y atenta a lo necesario sin ansiedad (Sobre la vida feliz 3, 3).
La virtud es lo único bueno
Cleantes, según Diógenes, afirma que la felicidad consiste en la virtud, el estado de ánimo que hace armoniosa toda la vida. Séneca lo repite con varias definiciones que dice equivalentes, y la más clara es que el bien supremo es «un ánimo que desprecia lo fortuito y se alegra en la virtud». Lo demás, la salud, el dinero o la fama, no le quita ni le añade nada.
Esto tiene una consecuencia práctica. Si la vida buena depende de la virtud y la virtud depende de cómo juzgas, la eudaimonia queda en tu mano. En nuestra lectura, la dicotomía del control es la forma práctica de aplicar esta tesis, y por eso las virtudes estoicas ocupan el centro de la ética estoica.
La virtud basta
El paso más atrevido es decir que no hace falta nada más. Diógenes recoge que los estoicos tienen la virtud por suficiente en sí misma para el bienestar, y lo atribuye a Zenón, a Crisipo y a Hecatón. El argumento de Hecatón es que si la magnanimidad por sí sola puede elevarnos por encima de todo y es solo una parte de la virtud, entonces la virtud entera será suficiente por sí misma.
De aquí se sigue que la felicidad no admite grados para los estoicos. Quien es virtuoso lo es por completo, tenga o no salud, dinero o reputación, porque esas cosas no son ni buenas ni malas, sino «indiferentes». Diógenes explica que lo son en el sentido de que no contribuyen ni a la felicidad ni a la desdicha, y que por eso «es posible ser feliz sin tenerlas». Eso no las vuelve despreciables, y Diógenes las ordena después en «preferidas» y «rechazadas» según su valor. Sobre la riqueza en concreto tienes el artículo de estoicismo y dinero.
Cuánto necesita la eudaimonia de lo que está fuera de ti
Aristóteles sostiene que la eudaimonia necesita bienes externos, los estoicos clásicos que no los necesitan, y entre los propios estoicos hubo quien dudó.
Aristóteles enumera lo que, si falta, empaña la felicidad. Amigos, riqueza y poder político sirven de instrumentos para obrar bien, y la carencia de buen nacimiento, de hijos o de belleza «quita brillo a la felicidad». Los estoicos de la primera generación no aceptan ese cálculo.
Dentro de la Estoa hubo un desacuerdo, anotado en el mismo pasaje de Diógenes. Tras decir que la virtud basta según Zenón, Crisipo y Hecatón, añade que Panecio y Posidonio lo niegan, pues piden también salud, algunos medios de vida y fuerza. Por eso conviene no decir «los estoicos piensan que» sin más. La versión que más se cita hoy es la de la virtud suficiente, y Séneca la usa para levantar una vida libre de la fortuna, pero ni siquiera la escuela fue unánime.
Eudaimonia, ataraxia y placer
La eudaimonia es el fin de la vida, la calma que los estoicos llaman ataraxia es algo que puede acompañarla y el placer es otra cosa, según cada escuela. Son tres ideas que se mezclan a menudo y conviene separar.
Séneca distingue la calma de la vida buena con precisión. La alegría que nace de la virtud y la serenidad son bienes, dice, pero consecuencia del bien supremo y no lo que lo constituye. Para él lo que hace feliz la vida es la virtud, y de ella se sigue la tranquilidad y la libertad. Si quieres entender ese estado en sí, lo explicamos en el artículo sobre la ataraxia, y la diferencia con la ausencia de pasiones, en el de la apatheia.
El placer es la tercera pieza. Séneca no lo expulsa, lo coloca detrás. Compara la virtud con un campo sembrado de trigo en el que nacen flores, que no son el objetivo de quien siembra, y concluye que el placer no es la recompensa ni la causa de la virtud, sino un añadido (Sobre la vida feliz 9). Epicuro, en cambio, sí lo pone en el centro. En la Carta a Meneceo escribe que el placer es «el principio y el fin de la vida feliz», y aclara que no habla de banquetes ni de excesos sino de «la ausencia de dolor en el cuerpo y de turbación en el alma». La diferencia con los estoicos está en qué manda sobre qué, si el placer sobre la virtud o la virtud sobre el placer.
Una pregunta para ponerlo a prueba
Una pregunta sencilla para aplicar todo esto es «de lo que sostiene mi vida buena, ¿qué está dentro de mí y qué está fuera?». Es una propuesta nuestra, no un ejercicio de los autores citados.
Apunta en una hoja lo que hoy te hace sentir que tu vida va bien. Marca lo que depende de lo que tú juzgas y haces, como actuar con justicia, mantener la palabra o aprender. Deja sin marcar lo que depende de otros o de la suerte, como el sueldo, el reconocimiento o la salud. Si casi todo queda sin marcar, tu vida buena se apoya en lo que no gobiernas. Aristóteles te diría que una parte de lo externo cuenta, y los estoicos clásicos que no. Ver dónde caes tú ya es una respuesta.
Si te interesa la pregunta más amplia de para qué se vive, la tienes tratada en el sentido de la vida para un estoico, y si quieres ver cómo se formó la escuela, en Zenón de Citio y en los estoicos más importantes. También tienes lecturas gratuitas para seguir con los textos originales.
Preguntas frecuentes sobre la eudaimonia
¿Se escribe eudaimonia o eudaimonía?
Se ven las dos grafías. El Diccionario de la lengua española recoge la forma adaptada «eudemonía» y escribe la transliteración del griego con tilde, eudaimonía.
¿Eudaimonia es lo mismo que felicidad?
No exactamente. «Felicidad» se usa en español para un sentimiento que cambia, y la eudaimonia es una vida bien vivida, que se juzga en conjunto. Aristóteles dice que un día o poco tiempo no hacen feliz a nadie. Por eso a veces se traduce como «florecimiento» o «vida lograda».
¿Eudaimonia y ataraxia son lo mismo?
No. La eudaimonia es el fin, la vida buena. La ataraxia es la tranquilidad del ánimo sin perturbaciones. Para Séneca la tranquilidad y la alegría son bienes, pero consecuencia del bien supremo y no lo que lo constituye. Para Epicuro, en cambio, la tranquilidad del alma forma parte de lo que llama suma y fin de la vida feliz.
¿Quién inventó la eudaimonia?
Nadie la inventó, porque es una palabra corriente del griego antiguo. Aristóteles ya observa que casi todos coinciden en que el bien supremo es la felicidad, aunque discrepen en qué es. Lo que sí hicieron él y las escuelas posteriores fue definirla de maneras distintas, con la virtud como núcleo en Aristóteles y los estoicos.
¿Qué diferencia hay entre eudaimonia y hedonismo?
La diferencia está en qué ponen en el centro de la vida buena. El hedonismo de Epicuro pone el placer, aunque entendido como ausencia de dolor y de turbación. Aristóteles y los estoicos ponen la virtud, y para estos últimos el placer es solo un añadido. Según la Stanford Encyclopedia, que la vida buena sea el fin de la ética lo comparten epicúreos, peripatéticos y las demás escuelas de la época.