Estoicismo del aficionado: qué controlas cuando pierdes
El estoicismo no te pide dejar de ser aficionado. Te pide separar la parte del partido que depende de ti de la que no, porque casi todo el sufrimiento de un domingo por la tarde viene de mezclar las dos.
Soy aficionado al fútbol. Sigo a mi equipo desde hace años, y también a la selección en los grandes torneos, así que sé perfectamente lo que es levantarte de mal humor por un resultado que ni siquiera decidiste tú. No te voy a vender que dejes de sufrir, ni que la afición sea de estoico frío que ve el partido sin pulso. Te cuento qué parte de eso sí puedes gobernar, y por qué te afecta tanto algo en lo que, en el fondo, no tocas ni un balón.
¿Qué dice el estoicismo sobre ser aficionado a un equipo?
El estoicismo distingue entre lo que depende de ti y lo que no, y un partido cae casi entero en la segunda categoría. Epicteto abre su manual con esa lista, dice que dependen de ti tu juicio, tu impulso, tu deseo y tu rechazo, y que no dependen de ti tu cuerpo, tu reputación, tu cargo y, en general, todo lo que no es obra tuya (Epicteto, Enquiridión 1). El resultado de un partido entra de lleno en ese segundo grupo, junto con el árbitro, la lesión del delantero o el rebote que se va fuera por dos centímetros.
Eso no significa que el partido te sea indiferente. Significa que lo único tuyo de verdad es cómo lo vives, no lo que marca el electrónico. Puedes ser hincha entero y, a la vez, tener clarísimo que once personas a las que no conoces en persona no están jugando contigo tu tranquilidad de la semana.
Y aquí viene lo mejor, porque Epicteto escribió sobre esto literalmente. No es una analogía que le estemos colocando encima dos mil años después: en su manual hay un pasaje dedicado a ir a los espectáculos públicos, y dice que si vas, no desees que ocurra otra cosa que la que ocurre, ni que gane otro que el que gana, y así no te verás estorbado (Epicteto, Enquiridión 33). Los juegos de su época llenaban graderíos igual que hoy, con las mismas apuestas, las mismas broncas y los mismos aficionados saliendo de mal humor. El problema del hincha es viejísimo, y ya tenía respuesta escrita.
¿Por qué te afecta tanto un partido que ni siquiera juegas?
Te afecta porque te identificas con el resultado como si fuera tuyo, y ahí es donde el sufrimiento deja de ser proporcional. No sufres por el gol en sí, sufres por lo que ese gol significa para ti, y ese significado te lo pones tú. Es la misma mecánica que describe la dicotomía del control para cualquier otra cosa externa, el hecho es neutro, el juicio que le añades es lo que duele.
Cuando pierde tu equipo no pierdes nada tuyo de verdad, ni tu casa, ni tu salud, ni a la gente que te importa. Lo que pierdes es la historia que te habías montado sobre lo bien que iba a ir la tarde. Y esa historia era tuya desde el principio, así que también puedes soltarla tú.
¿Es de estoico dejar de ser aficionado?
No. Ser estoico no es dejar de sentir pasión por lo que te gusta, es no dejar que esa pasión te gobierne cuando el resultado no depende de ti. Esto se confunde mucho con la apatheia, y no es lo mismo, la apatheia no es apagarte ni dejar de disfrutar, es que la emoción no tome el mando. Puedes gritar un gol con toda el alma y, tres horas después, seguir con tu día si el marcador no acompaña.
De hecho, apagar la pasión de raíz sería peor consejo que el que da el propio estoicismo. Marco Aurelio hablaba de vivir implicado en lo que haces, no de mirar la vida desde fuera con indiferencia (Marco Aurelio, Meditaciones III.5). Aplicado al fútbol, eso es disfrutarlo entero mientras dura y no arrastrarlo a la semana siguiente como si fuera una deuda pendiente.
¿Cómo aplicar la dicotomía del control cuando pierde tu equipo?
Se aplica separando, antes de que empiece el partido, lo que vas a poder decidir después de lo que no. Esto es lo que a mí me funciona.
- Decide antes cómo quieres reaccionar, no durante. Cuando el partido ya está empezado y el marcador en contra, estás demasiado metido para pensar con calma. La decisión de “voy a disfrutarlo pase lo que pase” se toma antes, en frío, no en el minuto 89.
- Separa el resultado de tu tarde. El partido dura noventa minutos. Tu tarde dura muchas más horas, y esas sí las controlas tú. Que pierda tu equipo no tiene por qué decidir si la cena con amigos, la llamada pendiente o el rato de descanso también salen mal.
- No conviertas el enfado en discusión. Es fácil pagar la frustración del partido con quien tienes al lado, la pareja, un amigo, alguien en redes. Esa reacción sí depende por completo de ti, y es la parte donde más se nota si has entendido la dicotomía o no.
- Vuelve a la próxima semana sin arrastrar nada. Un resultado no predice el siguiente ni dice nada de ti como persona. Empezar cada partido nuevo sin la carga del anterior es, otra vez, control emocional puro y duro.
Qué SÍ controlas y qué NO controlas como aficionado
| SÍ controlas | NO controlas |
|---|---|
| Cómo te preparas para ver el partido | El resultado final |
| Con quién y cómo lo ves | Las decisiones arbitrales |
| Cuánto dejas que te afecte después | Las lesiones o la forma del día del equipo |
| Cómo tratas a los demás si pierdes | Lo que opinen otros hinchas o rivales |
| Si vuelves a la semana siguiente con la misma ilusión | El sorteo, el calendario, la suerte del rebote |
La tabla no cambia nada del partido. Cambia cuánto de tu semana le entregas a algo que, mires como lo mires, nunca fue tuyo del todo.
¿Y cuando de verdad ha sido culpa del árbitro?
A veces lo es. El penalti no era, el fuera de juego estaba mal señalado, y no es cosa tuya que te lo parezca: pasó. Conviene decirlo, porque el estoicismo de manual barato responde aquí con un “acéptalo” que suena a que te estás inventando el agravio, y no siempre es así.
La respuesta estoica no es negar el error, es fijarse en qué cambia según lo que hagas después. Que el árbitro se equivocara ya no depende de ti en el momento en que sonó el silbato, exactamente igual que el resultado. Lo que sí depende de ti es cuántas horas le dedicas, a cuánta gente se lo cuentas y de qué humor te pones para lo que venga después. La injusticia es real y el tiempo que le regalas también, y solo una de las dos cosas la eliges tú.
Hay además un detalle incómodo que cualquier aficionado reconoce si es honesto: el árbitro se convierte en culpable sobre todo cuando pierdes. Los errores a favor no se recuerdan igual. Eso no significa que la queja sea falsa, significa que la memoria del hincha está diseñada para buscar responsables fuera, que es justo el mecanismo que el estoicismo señala una y otra vez. Epicteto lo tenía ordenado en escalones: culpar a otros es de quien no ha empezado, culparse a uno mismo es del que está empezando, y no repartir culpas es del que ya aprendió (Epicteto, Enquiridión 5). En el fútbol casi todos vivimos en el primer escalón, y se pasa muy bien ahí. Solo tiene un coste, y es el lunes.
Cómo vivir la afición sin que te arruine el día
Se vive soltando el resultado en cuanto acaba el partido, no antes ni fingiendo indiferencia durante. A mí me ha ayudado tratar la previa como algo que sí controlo del todo, con quién lo veo, cómo me lo tomo, qué me digo a mí mismo si va mal, y tratar el pitido final como el cierre real del asunto, no como el principio de un mal humor que dura hasta el martes.
Ayuda también recordar por qué te hiciste aficionado en primer lugar. No fue por ganar siempre, porque nadie gana siempre, fue por la emoción de seguirlo. Si mantienes esa parte y sueltas la que nunca dependió de ti, te queda toda la afición y se te va casi todo el sufrimiento evitable.
Conclusión
Ser un buen aficionado, en el sentido estoico, no es sentir menos. Es tener claro que el marcador nunca estuvo en tu mano y que tu tarde sí. Sigue gritando los goles, sigue sufriendo los penaltis, y cuando termine el partido, suéltalo de verdad, no lo cargues hasta el próximo. Si quieres seguir con la idea central que sostiene todo esto, la desarrollo entera en el artículo sobre la dicotomía del control. El texto completo del Enquiridión de Epicteto, con este pasaje inicial, está disponible en el MIT Classics Archive.
Preguntas frecuentes
¿Escribió Epicteto sobre el deporte?
Sí, y de forma bastante literal. En el Enquiridión 33 dedica un pasaje a los espectáculos públicos y recomienda no desear que ocurra otra cosa que la que ocurre, ni que gane otro que el que gana. Los graderíos de su época tenían las mismas broncas y las mismas apuestas que hoy, así que el problema del aficionado ya estaba descrito hace dos mil años.
¿Y si de verdad se equivocó el árbitro?
Puede ser, y el estoicismo no te pide fingir que el error no existió. Te pide ver que, desde el momento en que sonó el silbato, ese error ya no depende de ti, igual que el resultado. Lo que sí depende de ti es cuántas horas le dedicas y de qué humor te pones para el resto del día.
¿El estoicismo dice que no debo ser aficionado a un equipo?
No. El estoicismo no pide dejar de sentir pasión por lo que te gusta, pide no dejar que el resultado, algo que no depende de ti, gobierne tu estado de ánimo más allá del propio partido. Puedes ser un hincha entregado y aplicar la dicotomía del control a la vez.
¿Por qué me afecta tanto que pierda mi equipo?
Porque te identificas con el resultado como si fuera algo tuyo, y le añades un significado que tú mismo construiste. El hecho, el marcador, es neutro. El sufrimiento nace del juicio que pones encima, no del partido en sí.
¿Qué es lo único que controlo como aficionado?
Controlas cómo te preparas para ver el partido, con quién lo compartes, cómo tratas a los demás si pierdes y cuánto dejas que el resultado te afecte después. No controlas el marcador, el arbitraje, las lesiones ni lo que opinen otros hinchas.
¿Es lo mismo aplicar el estoicismo al fútbol que dejar de sufrir?
No exactamente. No se trata de anular el sufrimiento, sino de que sea proporcional y corto. Puedes sentir la derrota en el momento sin arrastrarla toda la semana. Eso no es indiferencia, es apatheia, sentir sin que la pasión te maneje.
¿Cómo dejo de pagar mi frustración con la gente después de un partido?
Decidiendo antes del partido cómo quieres reaccionar, no durante. En caliente es tarde para pensar con calma. Si decides de antemano que el resultado no va a decidir tu humor con los demás, te resulta mucho más fácil sostenerlo cuando realmente pierde tu equipo.